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Iglesia

5 razones por las que el Papa elige visitar el Paraguay.

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Entre las motivaciones que tiene el papa Francisco para visitar el Paraguay, incluso antes que su propia patria, la Argentina, hay cuestiones religiosas, políticas y culturales, pero principalmente afectivas. El pensador italiano Humberto Eco considera a Bergoglio un «jesuita paraguayo».

A muchos observadores internacionales les sorprende que el papa Francisco haya elegido al Paraguay como uno de los tres países latinoamericanos que visitará en julio próximo, junto al Ecuador y a Bolivia, en su primera gira apostólica por el continente, incluso antes de visitar su propia patria, Argentina, y se preguntan cuáles son las razones de esta preferencia.

Hasta ahora, desde que fue elegido Papa el 13 de marzo de 2013, el argentino Jorge Bergoglio solo ha viajado al Brasil, en Latinoamérica, para asistir a la Jornada Mundial de la Juventud, que se llevó a cabo en Río de Janeiro, en julio de 2013.

El mismo Papa ha sido claro en que aún no visitará la Argentina, ni siquiera en el 2016, por «cuestiones de agenda», aunque el principal propósito aparentemente es no interferir en la dinámica de la política interna de su país, en torno a las elecciones generales que se harán el próximo 25 de octubre.

No se ha comunicado oficialmente las razones por las que el Papa elige visitar primero al Paraguay, pero es factible reconstruir de su propia biografía los principales elementos históricos y afectivos que lo ligan a esta mediterránea nación del corazón de Sudamérica.

1. Francisco es «un  jesuita paraguayo»

«Es un error considerarlo (al papa Francisco) un jesuita argentino. Tal vez deberíamos considerarlo un jesuita paraguayo», escribió el célebre semiólogo italiano Umberto Eco, en un artículo especial publicado en varios medios impresos, entre ellos el prestigioso diario norteamericano The New York Times, en setiembre de 2013.

En dicho texto, el autor de El nombre de la rosa sugiere que la educación religiosa del primer pontífice latinoamericano «ha estado influida por el ‘Santo Experimento’ de los jesuitas en Paraguay», refiriéndose a las experiencias de las famosas misiones jesuíticas guaraníes que se fundaron a partir del Siglo XVII, en territorios que hoy comprenden parte de Paraguay, Argentina y Brasil.

«Los misioneros jesuitas decidieron reconocer los derechos de los indígenas (especialmente los guaraníes, que vivían sobre todo en Paraguay en condiciones prácticamente prehistóricas) y los organizaron en las llamadas ‘reducciones’, que eran comunidades autosustentables. Los jesuitas les enseñaron a organizarse por sí mismos, en total comunión con las mercancías que producían, si bien con el objetivo de ‘civilizarlos’, es decir, de convertirlos. A algunos de los nativos también les enseñaron arquitectura, agricultura, el alfabeto, música y artes; de ahí salieron algunos escritores y artistas de talento», relata Umberto Eco.

El semiólogo cree que esta experiencia, a la que considera «utópica», aunque «paternalista», influyó en gran medida en el carácter y, sobre todo, en la formación religiosa del actual Pontífice.

«Ahora, si decidimos juzgar las acciones de Francisco desde este punto de vista, debemos de considerar el hecho de que han transcurrido cuatro siglos desde ese ‘Santo Experimento’; que ahora se reconoce ampliamente la noción de libertad democrática, incluso entre los integristas católicos; que el Papa actual, ciertamente, no tiene la intención de realizar ningún experimento de ese tipo en la isla de Lampedusa; y que sería lo mejor que lograra eliminar gradualmente al Instituto para las Obras de Religión, el llamado banco del Vaticano», destaca Eco.

En esta influencia histórica de los jesuitas paraguayos estaría uno de los primeros elementos que aproximan afectivamente al actual papa Francisco al universo cultural del Paraguay.

2. Esther, la paraguaya que inspiró a Bergoglio

«Le agradezco tanto a mi padre que me haya mandado a trabajar. El trabajo fue una de las cosas que mejor me hizo en la vida y, particularmente, en el laboratorio aprendí lo bueno y lo malo de toda tarea humana (…). Allí tuve una jefa extraordinaria, Esther Ballestrino de Careaga, una paraguaya simpatizante del comunismo que, años después, durante la última dictadura, sufrió el secuestro de una hija y un yerno, y luego fue raptada (…) y asesinada. Actualmente, está enterrada en la iglesia de Santa Cruz. La quería mucho. (…) Me enseñó la seriedad del trabajo. Realmente, le debo mucho a esa gran mujer».

Con estas emocionadas palabras, el entonces arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Mario Bergoglio, contaba a los escritores Sergio Rubín y Francesca Ambrogetti, -autores del libro El jesuita, quizás la más honda biografía del actual Papa-, una etapa clave de su paso de la adolescencia a la juventud, cuando empezó su primera experiencia laboral y conoció a la heroica mujer que fue su jefa y a la vez su maestra y su mentora política.

Casualmente, Esther Ballestrino, aunque había nacido en Montevideo, Uruguay, en 1918, era más conocida como paraguaya, ya que desde muy niña se  mudó con su familia y creció en nuestro país, donde pudo estudiar y formarse, primero como docente y luego como química farmacéutica.

En 1940, Esther participó activamente en la fundación del Movimiento Femenino del Paraguay, «una organización de mujeres que se propuso corregir las situaciones marcadamente adversas que soportaban las féminas en ese tiempo», de la cual fue su primera secretaria general, según revela el investigador Roberto Paredes, en su obra Rebeldes por la Patria.

Desde las filas del Partido Revolucionario Febrerista acompañó la experiencia de la llamada «primavera democrática» de 1946, en que se vivió una inusitada apertura democrática en el país, que sin embargo, sería abortada por la Guerra Civil de 1947, tras la que se impuso una nueva dictadura militar, liderada por el general Higinio Morínigo.

Ante la persecución desatada, junto a muchos otros dirigentes sociales y políticos, Esther Ballestrino se vio obligada a exiliarse en la Argentina, donde siguió participando en actividades políticas, se casó con el recordado líder febrerista Raimundo Careaga y, finalmente, entró a colaborar, aunque desde la distancia, con el Partido Comunista Paraguayo (PCP).

Fue en esta etapa, cuando ella trabajaba en un laboratorio, en que conoció al joven Jorge Mario Bergoglio, quien fue su empleado.

«Esther Ballestrino de Careaga le mostró (al joven Jorge) cómo era la militancia política y hasta lo incursionó en lecturas comunistas, que Bergoglio recuerda con precisión, como a ella, a quien define como ‘extraordinaria’. Ella fue su jefa en un laboratorio químico y hasta le enseñó algo de guaraní. Mucho después, la dictadura volvería a cruzar sus caminos, del peor y más triste modo», relata el periodista argentino Hugo Alconada Mon, en un artículo publicado en el diario La Nación, de Buenos Aires.

El 8 de diciembre de 1977, un grupo de tareas comandado por Alfredo Astiz secuestró a Esther Ballestrino de Careaga, según relata Alconada.

Tras la desaparición de su hija Ana María y dos yernos, Estrher se había convertido en una de las fundadoras de la organización de las Madres de Plaza de Mayo. Su hija fue liberada más tarde, pero ella continuó con la labor hasta que fueron por ella.

«En 2005 aparecieron los restos de mi mamá», relató Mabel Careaga, otra de sus hijas, al diario español El País. «Quisimos enterrarlos en el solar de la Iglesia de la Santa Cruz porque era el último territorio libre que ellas [Careaga y Mary Ponce de Bianco, también de Madres] habían pisado, el lugar donde la secuestraron. Le pedimos permiso a Bergoglio, y él autorizó el entierro», detalló la hija.

Aquella mujer uruguaya-paraguaya, esposa de un dirigente político paraguayo, sin ser católica ni creyente, marcó hondamente la vida del actual Papa. En su memoria podría estar otra de las claves de su cercanía afectiva con el Paraguay.

 

3. El testimonio de los exiliados paraguayos

En octubre de 1969, debido a su postura crítica asesorando a grupos juveniles y movimientos sociales, el sacerdote jesuita español Francisco de Paula Oliva fue expulsado del Paraguay por la dictadura del general Alfredo Stroessner y se vio obligado a refugiarse en la Argentina, donde lo recibió el entonces superior provincial de la Compañía de Jesús, Jorge Mario Bergoglio.

«El actual papa Francisco, quien era el líder de nuestra orden en la Argentina, me recibió con mucha solidaridad y me permitió seguir trabajando pastoralmente en Buenos Aires, especialmente en las villas marginales, con los paraguayos migrantes», recuerda el popular pa’i Oliva.

Durante esa experiencia pastoral, junto a otros sacerdotes paraguayos también expulsados, Oliva llegó a invitar al provincial Bergoglio a conocer de cerca la vivencia de las miles de familias migrantes, principalmente de nacionalidad paraguaya, donde el actual Papa pudo vivenciar la gran espiritualidad de las humildes familias en las celebraciones litúrgicas, especialmente en torno a la festividad de la Virgen de Caacupé.

Particularmente impactado por el valioso trabajo que desarrollaban los laicos y religiosos aglutinados en el Equipo Pastoral de Paraguayos en Argentina (EPPA), Bergoglio estuvo en varias ocasiones con las comunidades de paraguayos, especialmente en las celebraciones de la conocida Villa 31, oportunidad en que se lo vio disfrutar de la comidas típicas del país, degustar con fruición el tereré e incluso aprender algunas palabras en guaraní.

Oliva considera que esa cercanía con la realidad de pobreza social, pero al mismo tiempo de gran riqueza espiritual y cultural que Bergoglio conoció en las villas, junto a las familias paraguayas, lo fue cambiando incluso en su línea pastoral, de una práctica más conservadora inicialmente hacia otra más comprometida con la realidad social.

«Yo lo comparo con el caso del asesinado arzobispo de San Salvador, monseñor Óscar Arnulfo Romero, quien también asumió siendo muy conservador, pero la realidad lo fue cambiando. Se comprometió tanto con los pobres, que por eso lo mataron. Tengo mucha esperanza en el nuevo Papa», destaca Oliva.

El sacerdote jesuita español José Luis Caravias, ex asesor nacional de las Ligas Agrarias Cristianas (LAC) en los años 60 y 70, también expulsado por la dictadura stronista en mayo de 1972, asegura que Bergoglio también le brindó refugio en su país e, incluso, le salvó la vida, al advertirle que miembros del grupo paramilitar de la Triple A lo buscaban para atentar contra su vida, y ayudarlo a salir de la Argentina durante la dictadura militar, para refugiarse en España.

«Si hoy estoy vivo, si he podido escribir cuarenta libros, si he podido continuar promoviendo los derechos de los últimos y el Evangelio entre los pobres y, en fin, si puedo contar cómo sucedieron las cosas, se lo debo a él, al actual papa Francisco», sostiene Caravias.El sacerdote José Luis Caravias, quién asegura que el actual Papa le salvó la vida cuando fue echado del Paraguay.

4. La admiración por la mujer paraguaya

«A mi juicio, la mujer paraguaya es la mujer más heroica de América. Después de la guerra (contra la Triple Alianza) quedaban ocho mujeres por hombre. E hizo esa gran opción de tener hijos, ¿no? Para salvar la Patria, la lengua, la cultura y la fe».

Estas emotivas palabras, Jorge Bergoglio las pronunció en El Vaticano, el 13 de febrero de 2014, ya siendo papa Francisco, tras recibir en audiencia a los sacerdotes argentinos Carlos y Rodolfo Luna, quienes habían estado exiliados en Suecia durante la dictadura militar argentina. 

En esa oportunidad, el Pontífice incluso llegó a señalar que las mujeres paraguayas se merecen el premio Nobel.

«Yo desearía que algún día el Comité del Premio Nobel le otorgara el Premio Nobel ¡a la mujer paraguaya! Por haber salvado la cultura, la patria… ¡heroica! ¡La propongo!», destacó.

No era la primera vez que el Papa mostraba su admiración hacia la mujer paraguaya en la historia. En una charla informal con los periodistas en el avión, de regreso desde Brasil, tras haber asistido a la Jornada Mundial de la Juventud, en julio de 2013, a pocas semanas de haber sido elegido Sumo Pontífice, Bergoglio insistió en que no se puede entender a la Iglesia sin mujeres y, a modo de ejemplo, citó el caso de Paraguay, de cuyas mujeres dijo que son las «más gloriosas de América Latina».

Explicó entonces que, tras la guerra de la Triple Alianza (1864/1870) había ocho mujeres por cada hombre y ellas tomaron «la decisión difícil de tener hijos para salvar al país, a la patria, la cultura, la fe y la lengua».

Cuatro años atrás, cuando aún era cardenal y arzobispo de Buenos Aires, durante una misa celebrada con la colectividad paraguaya en la Catedral de la capital argentina, el actual Papa ya había alabado largamente a la mujer paraguaya, vinculándola con la historia de la Virgen de Caacupé.

5. La veneración a la Virgen de Caacupé

El otro elemento que vincula muy afectivamente al papa Francisco con el Paraguay es el especial amor y devoción que él siente hacia la Virgen de Caacupé, la gran madre espiritual de los paraguayos y paraguayas. Por ello, se considera que uno de los puntos centrales de su presencia en el país será la misa multitudinaria que presidirá en la Villa Serrana.

El 1 de noviembre de 2010, cuando aún era cardenal y arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio ofició una misa para la colectividad paraguaya, organizada por el Equipo Pastoral de Paraguayos en Argentina (EPPA), como cierre de la gira de la imagen de la Virgen Serrana por las comunidades migrantes en la Argentina.

Allí, el actual Pontífice destacó: «Hoy la Virgen viene con documento paraguayo, ella es paraguaya de Caacupé, y no hay paraguayo que no la quiera. Y se sabe, en toda América la mujer paraguaya es la más gloriosa, no por haber estudiado más que otras, sino porque supo asumir un país derrotado por la injusticia y los intereses internacionales. Y ante esa derrota llevó adelante la patria, la lengua y la fe. Y la Virgen al tomar la ciudadanía paraguaya, tomó la lengua, la cultura y la fe. Por eso es doblemente gloriosa, por ser madre de Dios y por ser paraguaya».

«Siempre, a lo largo de los tiempos, de aquellos momentos siempre en medio del pueblo, cuando entre la historia de un pueblo se las arreglaba para hacerse notar como la madre del pueblo de Dios y de la Iglesia», agregó.

«Gracias Virgen de Caacupé por honrarnos con tu presencia, y lo menos que se merece es un aplauso», concluyó.

 

 

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Iglesia

Fe, unidad y gestión: Guairá celebra la culminación del Santuario de la Virgen del Paso

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Itapé vivió una jornada histórica marcada por la fe, el trabajo en equipo y el compromiso del Estado con las tradiciones del pueblo guaireño.

En un acto cargado de emoción y simbolismo, autoridades nacionales y departamentales participaron de la entrega oficial de la culminación de la infraestructura del Santuario de la Virgen del Paso, en la ciudad de Itapé, uno de los principales centros de devoción mariana del departamento de Guairá.

El evento contó con la presencia del presidente de la República, Santiago Peña, y del vicepresidente Pedro Alliana, quienes acompañaron a las autoridades locales en una jornada que reafirmó la importancia de la fe como pilar de cohesión social y de identidad cultural del Paraguay.

La obra, entregada a la Diócesis correspondiente, representa mucho más que una mejora edilicia. Se trata de un espacio renovado que fortalece las tradiciones religiosas, impulsa el turismo interno y se proyecta como un punto de encuentro espiritual para miles de fieles que, año tras año, llegan hasta Itapé para honrar a la Virgen del Paso.

Desde la Gobernación de Guairá, destacaron que la culminación del santuario es fruto de un verdadero trabajo en equipo, articulado entre el Gobierno Nacional, el gobierno departamental, la Iglesia y la comunidad. “Es una obra hecha para el pueblo guaireño, que deja huellas en el presente y sienta bases sólidas para el futuro del departamento”, señaló el César Sosa, gobernador del Guairá.

El Gobierno Departamental reafirmó, además, su compromiso de seguir impulsando acciones que nacen del esfuerzo conjunto y que promueven el desarrollo integral de Guairá, respetando sus valores, su historia y su profunda espiritualidad.

La jornada cerró con un mensaje de esperanza y unidad, encomendando al departamento y al país a la protección de la Virgen del Paso. “Che Sy, Virgencita de Itapé, ya estás en tu casa terminada. Bendecí a nuestro querido Guairá y a la República del Paraguay”, expresaron las autoridades, en un gesto que reflejó el sentir de toda una comunidad.

Con fe, gestión y compromiso, Guairá sigue avanzando, dejando huellas que fortalecen su identidad y su proyección hacia el futuro.

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El obispo que clama en el desierto

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Alguien como Miguel Fritz es quien nos permite seguir creyendo en un sector de la Iglesia Católica comprometida con la suerte de los más pobres, alguien que viene a plantarse con valentía y dignidad en el altar mayor del Paraguay, ante la multitud de fieles, ante los micrófonos y las cámaras, con la actitud del profeta que clama en el desierto. Quizás muchos no escuchen o no hagan caso… pero muchos, sí.

Su voz es como la del profeta bíblico que clama en el desierto y quizás muchos no la escuchen o la escuchen y no le hagan caso, pero puede que algunos sí… y que importante es que resuene su voz un domingo desde la explanada del Santuario de la Virgen de Caacupé.

Es un obispo como los demás y viste casi igual como lo demanda la liturgia de la Iglesia Católica para estos rituales, pero hay algo que lo distingue. Su mitra —la gorra ceremonial que simboliza su autoridad eclesiástica—, está cubierta por un tejido artesanal con pinturas indígenas del Chaco. Es el símbolo del lugar de donde viene y principalmente de a quienes representa.

Se llama Miguel Fritz y aunque nació en 1955 en Hannover, Alemania, desde 1985 trabaja pastoralmente en el Paraguay, primero como vicario parroquial en Independencia, Guairá y desde 1998 se hizo parte del duro paisaje chaqueño, como vicario de la parroquia Santa María, en Mariscal Estigarribia, Boquerón, donde aprendió a encarnar los padecimientos y las esperanzas de los pueblos indígenas olvidados, los más pobres entre los pobres.

Es teólogo y antropólogo. Es miembro de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada, OMI. De 2007 a 2010 fue superior de esa orden religiosa en el Paraguay. En 2016 asumió como vicario delegado del Vicariato Apostólico del Pilcomayo y párroco de la Parroquia en la Misión San Leonardo de Escalante (también conocida como comunidad indígena San Leonardo, Comunidad Indígena Fischat o Misión Escalante, del pueblo Nivacle, ubicada al final de la ruta PY05 en el kilómetro 584, en la frontera con Lamadrid, Provincia de Formosa, Argentina, a unos 453 km de Asunción, lejos de todo, pero muy cerca de la realidad).

En abril de 2025, poco antes de su fallecimiento, el Papa Francisco nombró a Miguel Fritz como nuevo obispo del Vicariato Apostólico del Pilcomayo, en reemplazo de otro misionero oblato que sin mucho ruido y bastante coherencia hizo mucho por los pueblos indígenas del Chaco Paraguayo, el recordado monseñor Lucio Alfert.

A pesar de que ha estado ya varias veces oficiando misa y haciendo escuchar su voz en las celebraciones dedicadas a la Virgen de Caacupé, este domingo 30 de noviembre fue la primera vez en que Miguel lo hizo como nuevo obispo en la misa central y su voz ha sonado fuerte y clara en defensa de los indígenas, en un momento en que tanta falta hace su resonancia:

Estas fueron algunas de sus palabras:

—“Tanto más indigna tener que ver siempre de nuevo a familias humildes campesinas y principalmente indígenas ser despojadas de sus habitaciones. Siguen los desalojos violentos de comunidades enteras, a veces por fuerzas del orden público —aunque uno puede preguntar qué orden se crea cuando se queman casas y chacras, dejando niños con sus padres y llorando en la calle— y otras veces por ‘servicios contratados’, enviados por un estanciero, como pasó en Karapa, el mes pasado. Por otra parte, no hay ningún apuro para desalojar a invasores que se colocan dentro de tierras indígenas y hasta arman estancias, como es el caso de Loma”.

—“Ya me cansa tener que repetir todos los años este mismo grito contra los desalojos injustos e inmisericordes de comunidades indígenas. Estoy tentado de hacer mía la exclamación del profeta Habacuc, que el Papa León cita: ‘¿Hasta cuándo, Señor pediré auxilio sin que tú escuches?’”.

—“¡Ojalá, que alguna vez, el INDI cumpla su función! Y ahora una vez más con un nuevo presidente y vuelta su oficina a Asunción como es necesario y debido, sin que los vecinos rechacen la presencia de indígenas en su barrio, ¡Qué triste testimonio!”.

—“Los indígenas son expulsados, No son solo ‘sin tierras’, son ‘sin calles’, ‘sin ningún lugar’ donde sean bien recibidos. Cómo dijo acertadamente monseñor Gavilán: ‘Valoramos al guaraní, pero no a quienes nos lo heredaron’. El bien común no lo podemos soñar, mientras que sigan la discriminación y el racismo en nuestra sociedad”.

— “¿Cómo piensa el Estado que sean cumplidos sus derechos, en parte bien plasmados en el Plan Nacional de Pueblos Indígenas, pero sin asegurar el presupuesto necesario? El bien común no lo podemos soñar mientras que no tengamos un presupuesto que considere a los sectores más necesitados”.

—“Realmente es hora de despertar. No podemos continuar con los ojos cerrados, sobre todo ante tanta injusticia, tanta corrupción, tanto nepotismo, tanto enriquecimiento ilícito (…). Vemos crecer algunas élites de ricos que viven en una burbuja muy confortable y lujosa, casi en otro mundo respecto a la gente común”.

—“Es hora de tomar conciencia del desastre que estamos provocando o si seguimos despojándonos de los últimos árboles o si seguimos envenenando tierra, aire, agua y a nosotros mismos con tantos agrotóxicos”.

Quienes conocemos desde hace tiempo la tarea apostólica y humana de Miguel Fritz sabemos que sus palabras no son solamente teóricas, sino que están respaldadas por casi tres décadas de convivencia con los pueblos indígenas y los pobladores del Chaco, compartiendo el polvo de los no caminos, la sed y el hambre, las carencias antiguas, como también la lucha, los sueños y las esperanzas de un tiempo mejor.

Alguien como Miguel Fritz es quien nos permite seguir creyendo en un sector de la Iglesia Católica comprometida con la suerte de los más pobres, alguien que viene a plantarse con valentía y dignidad en el altar mayor del Paraguay, ante la multitud de fieles, ante los micrófonos y las cámaras, con la actitud del profeta que clama en el desierto.

Quizás muchos no escuchen o no hagan caso… pero muchos, sí.

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El Papa en la catequesis: proteger la creación, urge la «conversión ecológica»

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En la Audiencia General de este miércoles 19 de noviembre, León XIV explica que la esperanza cristiana responde a los desafíos a los que hoy está expuesta la humanidad entera, deteniéndose en el jardín donde el Crucificado fue depositado como una semilla, para resucitar y dar mucho fruto.

Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano

El ciclo jubilar «Jesucristo nuestra esperanza» guió la catequesis del Papa León XIV este miércoles 19 de noviembre de 2025 en la Plaza de San Pedro. El Santo Padre invitó a los peregrinos a reflexionar sobre el nexo esencial entre la “espiritualidad pascual y la ecología integral”, inspirándose en la escena de María Magdalena en el jardín de la Resurrección, un evento que ilumina las cuestiones candentes que interpelan a la humanidad contemporánea.

Ante unos 40.000 fieles procedentes de los cinco continentes, el Obispo de Roma se refirió a la figura de la Magdalena, quien, frente al sepulcro vacío, solo percibió la presencia de un supuesto jardinero. Las preguntas de Cristo resucitado, “¿Por qué lloras? ¿A quién buscas?”, se dirigen también a la conciencia de cada creyente, obligándonos a meditar sobre el “vínculo entre la Resurrección de Cristo y los desafíos del mundo actual”.

León XIV acentuó el profundo simbolismo del jardín. El drama de la Pasión —el abandono, la condena y el ultraje— no concluye en la oscuridad, sino que culmina “en la paz del sábado y en la belleza de un jardín”. Esta imagen remite al jardín de la Génesis, el espacio prístino de la creación, y a la vez, el lugar que Jesús cultiva y custodia.

Al rememorar las palabras finales de Cristo en la cruz, el Pontífice enfatizó que “Todo se ha cumplido” no es un final, sino el destino de la obra del Maestro: la restitución del Paraíso perdido. Este altísimo cometido, recordó el Papa, se confía ahora a cada discípulo. Solo al escuchar su nombre del “Hombre nuevo” —el Resucitado—, la Magdalena pudo comprender su propia misión evangelizadora.

El Sucesor de Pedro retomó la enseñanza del Papa Francisco en la encíclica Laudato si’, advirtiendo sobre la “extrema necesidad de una mirada contemplativa”. Si el ser humano abdica de su rol de custodio, inevitablemente “deviene en devastador de la Casa Común”.

El Santo Padre subrayó que la esperanza cristiana responde a los desafíos que enfrenta toda la humanidad hoy deteniéndose en el jardín donde se colocó el Crucificado como una semilla, para volver a brotar y dar mucho fruto.

La fe en la muerte y resurrección de Jesús es, por ende, el “fundamento de una espiritualidad de la ecología integral, fuera de la cual las palabras de la fe se quedan sin conexión con la realidad y las palabras de la ciencia se quedan fuera del corazón». En este sentido, dijo que «la cultura ecológica no se puede reducir a una serie de respuestas urgentes y parciales que van apareciendo en torno a la degradación del ambiente, al agotamiento de las reservas naturales y a la contaminación». Por tal motivo, planteó que «debería ser una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia».

Asimismo, el Pontífice puntualizó que «los cristianos no pueden separar de ese cambio de dirección que les requiere seguir a Jesús». «El hecho de que María se volviera aquella mañana de Pascua -afirmó- es una señal de esto: solo de conversión en conversión pasamos de este valle de lágrimas a la nueva Jerusalén. Tal pasaje, que empieza en el corazón y es espiritual, modifica la historia, nos compromete públicamente, activa solidaridad que desde ahora protegen personas y criaturas de las ansias de los lobos, en el nombre y fuerza del Ángel Pastor».

De este modo, los hijos de la Iglesia pueden encontrar hoy, según el Papa, millones de jóvenes y de otros hombres y mujeres de buena voluntad que han escuchado el grito de los pobres y de la tierra dejándose tocar el corazón. «Son muchas -destacó- también las personas que desean, a través de una relación más directa con la creación, una nueva armonía que los lleve más allá de tantas laceraciones».

Al terminar su alocución, Prevost deseó que «el Espíritu nos dé la capacidad de escuchar la voz de quien no tiene voz». «Veremos, entonces, lo que los ojos aún no ven: ese jardín, o Paraíso, al que solo nos acercamos acogiendo y cumpliendo cada uno su propia tarea».

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